miércoles, 4 de agosto de 2010

Fwd: PorIsrael.org Opinion. Horacio Calderon. ¿Podría el Caso Hariri detonar una nueva guerra en el Líbano y el desarme del Hizballah?


 
 
 
 

Dori Lustron
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¿Podría el Caso Hariri detonar una nueva guerra
en el Líbano y el desarme del Hizballah?

Horacio Calderon

Buenos Aires, 1º de agosto de 2010

Introducción

Como ya fue adelantado en un programa radial por mi, tuvo lugar la segunda visita a Siria y la primera al Líbano del monarca saudita Abdullah bin Abdul Aziz Al-Saud, desde que este fue coronado en 2005 luego de la muerte de su hermano Fahd.

Luego de mantener una serie de reuniones en Damasco, el monarca llegó en avión a  Beirut  el día 30 de julio pasado desde la capital de Siria, acompañado por su  presidente, Bashar Al-Assad, en lo que diversos observadores consideraron una "rara" visita del    rey Abdullah al último país, debido a las diferencias profundas existentes entre ambos Estados Arabes.

Las reuniones entre los jefes de Estado saudita y sirio en Damasco, como también la cumbre extraordinaria desarrollada en Beirut con la participación de varios jefes de Estado, del primer ministro del Líbano e importantes figuras políticas, constituyen un esfuerzo político y diplomático extraordinario y dramático.

El objetivo principal e inmediato de las cumbres mencionadas, fue evitar el estallido de una nueva guerra civil intersectaria que enfrente al Hizballah con las fuerzas sunnitas que responden al premier libanés Saad Hariri. Estas facciones mantuvieron un duro enfrentamiento en 2008, cuando el movimiento terrorista Hizballah tomó por asalto los sectores de Beirut donde se encontraban los seguidores de Hariri, tal vez el más importante político libanés sunnita de este momento, respaldado por Arabia Saudita.

¿Pero cuál es la causa que podría desencadenar nuevos enfrentamientos facciosos? La respuesta podría encontrarse en breve, cuando se conozca oficialmente el dictamen que sobre el asesinato del ex premier libanés Rafiq Hariri, dará a conocer el "Tribunal Especial para el Líbano" (TEL) constituido ad hoc para investigar dicho crimen. Fundamentalmente, este Tribunal señalaría al Hizballah como principal responsable de ese luctuoso hecho desatando una serie de gravísimas consecuencias para el Líbano y toda la región.

Los objetivos de las reuniones de altísimo nivel en Beirut, incluían también evitar una nueva guerra entre Israel y el Hizballah, habida cuenta de la experiencia de 2006; enfrentamiento que muchos expertos coinciden en considerar como de alta probabilidad de ocurrencia.

¿Sólo dos escenarios principales?

¿Podrían ambos escenarios descriptos limitarse exclusivamente a la probabilidad de una  guerra intersectaria libanesa por una parte y/o del Hizballah con Israel por el otro? Admitir eso como cierto sería limitar el análisis a una visión simplista y reduccionista de la naturaleza compleja de los conflictos que subyacen bajo la superficie de las arenas cercano o mesorientales, o de las mismas raíces de los cedros libaneses. Máxime, teniendo en cuenta  los niveles de interacción e interconectividad existentes entre todos los graves conflictos existentes y potenciales en el  Gran Medio Oriente y regiones adyacentes: Irak, Afganistán, Paquistán y un Irán que podría ser blanco de un ataque militar antes que pueda fabricar y desplegar armas nucleares. Además, la gravitación e ingerencia de actores estatales y no estatales relacionados directa e indirectamente con los focos de conflicto señalados. El carácter explosivo de esa situación se suma a la guerra sorda que por el poder global libran los EE.UU. y potencias de primer orden como China, Rusia y la India, como también el recién llegado aunque inmaduro Brasil[1].

Probablemente nadie, incluyendo a sus principales protagonistas, podría asegurar cuándo, cómo, dónde y con qué pretexto estallarían individual o conjuntamente alguno/s de los temidos enfrentamientos mencionados en la región del Levante. Tampoco, si esta vez los enfrentamientos repetirán los aspectos principales de la guerra entre Israel y el Hizballah en 2006, o las disputas sectarias de 2008 en Beirut. O, por el contrario, si esta vez intervendrán otros actores estatales o no estatales (v.gr. Hamas contra Israel) a favor de alguna de las partes en pugna, expandiendo el conflicto a terceros países de la región.

Pero lo que resulta sí altamente probable, es que cualquiera de ambos conflictos e incluso los dos en su conjunto, sean solamente el cráter humeante de un volcán que podría entrar en erupción en toda la región y que tiene a Irán como principal causa del estallido. Irán, desde luego, más el eje que por el momento conforma con sus dos aliados históricos, como son Siria y el Hizballah. Alianza que actores como EE.UU., Arabia Saudita, Egipto, Turquía y otros Estados sunnitas intentan desarticular y/o debilitar, más allá de los intereses particulares de cada uno de estos.

La emergente Turquía habría advertido al Hizballah que no toleraría ataques contra las comunidades sunnitas del Líbano, mientras diversas fuentes dignas de crédito insisten en que Egipto envió ya a este último país a un contingente encubierto de fuerzas especiales. 

Los últimos actores sunnitas mencionados cuentan desde ya con un aliado como el Estado de Israel, interesado en terminar con la amenaza que representa un Hizballah más armado, entrenado y experimentado que cuando tuvo lugar la guerra de 2006.  Movimiento que además podría atacar a Israel conjuntamente  con Irán y hasta Hamas, si las circunstancias y el estado de las alianzas entre estos actores así lo permitiera.

Siria es un capítulo aparte y un actor que podría ser la mayor sorpresa en caso de una conflagración mayor.

Las cumbres de Damasco y Beirut

Las cumbres de Damasco y Beirut y las razones  que tuvo el anciano rey Abdullah para alejarse de la sede de su poco tranquilo trono, responden en consecuencia a maniobras y negociaciones de alta complejidad y de larga data lideradas por Arabia Saudita. Estas son parte de una estrategia finamente calibrada, cuyo objetivo principal es terminar con la peligrosa entente representada por el tridente conformado por Irán, Siria y el Hizballah libanés.

Este autor ha abordado reiteradamente y desde hace años varias de las acciones desarrolladas  por  Siria,  en  colusión con Arabia Saudita y hasta Israel, con el objeto de erosionar también el poder militar del Hizballah[2]. Siria, que tampoco confía demasiado en estos potenciales nuevos socios, negocia con Israel y Arabia Saudita su ruptura o neutralidad con sus tradicionales aliados, Irán y el Hizballah, a cambio de un precio acariciado casi tanto o más que la restitución por parte de Israel de las Alturas del Golán perdidas en la "Guerra de los Seis Días". Es que todo es negociable en los zocos políticos de estas regiones.  El precio reclamado por Siria es la restitución de su patronazgo sobre el Líbano, que para la doctrina de seguridad nacional del país regido por el clan alauita Assad es una necesidad estratégica de primera magnitud. En definitiva, el deseo de plasmar el antiguo sueño de la "Gran Siria", revitalizado por imperativos geopolíticos contemporáneos que el régimen de Damasco considera de relevancia estratégica para su seguridad nacional.

El precio a pagar a Siria no resultaría tan alto para varios actores regionales (menos para el Líbano, desde luego), si ello condujera a su ruptura con la antigua entente, la derrota militar y el desarme del Hizballah y, principalmente, el quiebre de la espina dorsal de Irán en el Levante, quitándole o degradándole la principal herramienta que posee para chantajear militarmente a Israel y a otros países de la región.

Una de las cuotas adelantadas por Siria en pago de tal pacto para apoderarse del Líbano, fue muy probablemente el asesinato en Damasco de lmad Moughniyed[3], comandante militar  del  Hizballah, responsabilidad atribuida  por  su  misma viuda al gobierno sirio, antes que fuera trasladada de urgencia a Irán para mantenerla alejada de la conmoción pública causada por sus declaraciones.

Otro aspecto que decidiría a Siria a alejarse más temprano que tarde de sus actuales aliados, es que ni la clerecía iraní gobernante, ni sus aliados del Hizballah, han aceptado más allá de la diplomacia a la secta alauita de la que forman parte, considerada como herética por los ayatolás enrolados en la rama chiíta duodecimana del Islam. En consecuencia, podría afirmarse que la degradación del potencial bélico del movimiento terrorista libanés beneficiaría también a Siria fronteras adentro de su propio país.


 

Los estrategas sirios calculan además que un Hizballah más fortalecido política y militarmente, no sólo les quitaría el poder total al que aspiran en el Líbano, sino que también podría avanzar posteriormente -con el respaldo de Irán- sobre el mismo clan Assad en su país. Siria es conciente de tal peligro y se está preparando para ello desde hace tiempo para neutralizarlo[4].

Lo arriba expuesto demuestra cabalmente que fracturar la entente citada y alejar de ella a Siria, es una cuestión de costos geopolíticos y de otro orden que algunos actores estatales estarían dispuestos a pagar con tal de sacarse de encima la pesadilla iraní y la de su válido libanés.

EE.UU., mientras tanto y con el siempre dubitativo Barack Obama en la Casa Blanca, mira de reojo y a regañadientes tales negociaciones, no confía en Siria y mantiene activa  como en los mejores tiempos de George W. Bush la opción de promover el derrocamiento del clan Assad.

Israel, por su parte y frente al temido infierno de una situación similar a la del Irak post-Saddam Hussein, rechaza de plano cualquier intento de cambios en Siria, país al que considera un enemigo previsible, tal como lo ha demostrado la historia de las últimas décadas.

Durante el viaje que quien escribe estas líneas realizó a Israel y Territorios Palestinos en noviembre de 2006, tuvo la oportunidad de preguntarle a uno de los más experimentados oficiales israelíes especializados en estudios sobre el terrorismo, por qué no firmaban    una paz duradera con Siria para quebrar precisamente esa entente con Irán y el Hizballah. Su respuesta fue tan sincera como lacónica: "Por que EE.UU. no nos deja". Eran esos los tiempos del antecesor de Barack Obama, pero los caminos de los EE.UU. e Israel sobre las amenazas estratégicas que afectan a este último país, parecen haberse bifurcado aún más desde que este asumió la presidencia de los EE.UU.

La caída del régimen sirio -cuya promoción parece constituir una obsesión permanente  para los EE.UU.-, no tendría muy probablemente otro beneficiario que el extremismo sunnita encarnado por la rama local de la "Hermandad Musulmana" egipcia. El padre y predecesor del actual presidente,  general Hafez Al-Assad, aniquiló a miles de esos militantes yihadistas en una serie de combates mantenidos en los años finales de su mandato. Los actuales sucesores de esas escuelas extremistas del Islam sunnita,       esperan  el momento para asaltar el poder en Siria, con la esperanza de que los EE.UU. faciliten su tarea; probabilidad que nunca ha dejado de existir en algunas mesas de arena de los poco brillantes estrategas y hacedores de decisiones en Washington, D.C.

El "Caso Hariri": ¿detonador de un nuevo conflicto libanés?

Las cumbres de Damasco y Beirut, más allá de los alcances de la guerra civil y/o regional que intentan evitar, apuntaban a neutralizar o reducir al mínimo los detonantes que podrían generar cualquier próximo estallido bélico en el Levante. Como se afirmó anteriormente, es aquí donde  aparece el indicador  más  importante  sobre el factor que podría hacer estallar un próximo conflicto en el Líbano y/o una guerra entre el Hizballah e Israel. Se trata nada menos que de la investigación sobre el asesinato del ex premier libanés Rafic Hariri, ocurrido el 14 de febrero de 2005 y que está a cargo del "Tribunal Especial para el Líbano" (TEL), formado por la resolución 1757 del Consejo de Seguridad de la ONU del 30 de mayo de 2007 y que está a cargo de Daniel Bellmare. Su misión es muy concreta y se expresa en el siguiente párrafo oficial:

"El mandato del Tribunal Especial para el Líbano es enjuiciar a los responsables del atentado de 14 de febrero de 2005 que causó la muerte del ex Primer Ministro Rafiq Hariri, y provocó la muerte o lesiones a otras personas. La competencia del Tribunal puede ampliarse más allá del atentado con bomba de 14 de febrero de 2005 si el Tribunal determina que otros ataques ocurridos en el Líbano entre el 1° de octubre de 2004 y el 12 de diciembre de 2005 están conectados conforme a los principios de la justicia penal al atentado de 14 de febrero de 2005 y son de naturaleza y gravedad similares. Esa conexión podrá consistir, entre otras cosas, en una combinación de los siguientes elementos: intención de delinquir (móvil), finalidad de los ataques, naturaleza  de  las  víctimas,  patrón  de  los ataques (modus operandi) y autores.

Los delitos cometidos después del 12 de diciembre de 2005 podrán incluirse en la competencia del Tribunal bajo los mismos criterios si así lo deciden el Gobierno de la República Libanesa y las Naciones Unidas, con el consentimiento del Consejo de Seguridad[5]".


 

Pocas dudas caben luego de leer tan solo los párrafos anteriores, sobre cuáles serían las consecuencias de una acusación explícita contra miembros del Hizballah señalados como responsables del asesinato de Hariri. Especialmente, luego de trascendidos que señalan entre sus principales conclusiones que la responsabilidad del crimen recae en  figuras prominentes del Hizballah, como el extinto Imad Moughniyed y su  lugarteniente  y  pariente  Mustafá  Badr Al-Din, quien  se encuentra con vida y activo, entre otros sospechosos. 

El problema radica en que la complicada operación que terminó con la vida del multibillonario y político libanés, consistente en una explosión masiva en Beirut que voló su auto y mató parte de su nutrida custodia, jamás habría podido concretarse sin la participación conjunta de sectores de inteligencia (Mukhabarat) del Líbano y Siria, estrechamente vinculados por ese entonces.

Cabe recordar que tal acontecimiento provocó una reacción popular, un alzamiento contra la presencia militar siria en el Líbano, que debió retirarse del territorio libanés en 2005, luego de décadas y poco tiempo después del asesinato del ex premier Hariri.

Muchos hechos ocurrieron a partir de entonces, cuando la hábil Siria comenzó a despegarse y cortar los eslabones que unían al crimen de Hariri con su Gobierno, como fue el caso del "suicidio" del brigadier general Ghazi Kanan, uno de las principales figuras del clan Assad en el Líbano durante veinte años. Algunas fuentes afirman que fue asesinado para proteger al mismo presidente sirio, que dicho sea de paso había amenazado a Hariri con "romperle el Líbano en la cabeza" si intentaba quebrar los lazos históricos entre ambos países, operación que sospechaba era a instancia de Arabia Saudita y Francia. Otras fuentes insisten en que Kanan actuaba por su cuenta e independientemente del gobierno de su país; algo impensable tratándose del férreo control de Siria sobre los funcionarios más prominentes de su aparato de inteligencia.

Otro "eslabón" desaparecido pudo ser el mismo Mughniyed, a quien entregaron como en bandeja a sus ejecutores, en medio de una complejísima operación que difícilmente pudo haberse ejecutado sin la cooperación de varios servicios de inteligencia extranjeros, además de al menos un sector del "Mukhabarat" sirio y de miembros de la familia presidencial[6].

Al margen de la decisión del alto tribunal de la ONU en el caso Hariri, todavía no anunciada, como de la posibilidad de una reacción violenta del Hizballah, Hassan Nasrallah rechazó ya con duros términos su participación en ese luctuoso hecho[7]. Pero un problema extra para el Hizballah es que aprobó en su momento la constitución del Tribunal  para  el  caso Hariri, cuando formaba parte del Gobierno del Líbano, contando con miembros en el gabinete de ministros. No resulta aceptable entonces que ahora    pueda ignorar el resultado de las investigaciones del "TEL", aunque sí que se sienta  abandonado si no traicionado por Siria, que saldría casi inmaculada del crimen, gracias a su comentada destreza para cortar los hilos que pudieran conectarla con el asesinato de Hariri.


El premier libanés Saad Hariri, ofendido por los términos de las declaraciones de Nasrallah, ha prometido recientemente al Hizballah que él rechazaría cualquier    acusación que no estuviera respaldada por evidencias y que tampoco permitiría que "el alma de su padre se convierta en una fuente de conflictos en el Líbano".

El problema es que la investigación del "TEL" sí contiene evidencias que serán la base de su acusación y que el líder del Hizballah ha prometido rechazar tan vehementemente.

El alto grado de tensión que parece augurar el inminente fallo del "TEL", habría llevado  a los principales asistentes a la cumbre de Beirut del viernes 30 de julio pasado, a aconsejar al actual líder de la familia Hariri y también premier del Líbano, sobre la necesidad de no intentar la implementación de las recomendaciones de dicho tribunal. En caso contrario, según trascendió en fuentes libanesas, podría darse al Hizballah el  pretexto necesario para asaltar nuevamente los sectores sunnitas de Beirut o incluso provocar una guerra con Israel.

Como el campeonato de hipocresías parece no tener límites, el presidente sirio Bashar Al-Assad declaró a Ynet News este 31 de julio que su país estará junto al Hizballah frente a la investigación del "TEL" sobre el caso Hariri. También y en línea con algunos de los otros actores deseosos de evitar que haya miembros del movimiento terrorista que deban enfrentar un tribunal de justicia, hasta por la comisión de crímenes atroces como el cometido contra Rafiq Hariri, Assad dijo que cualquier tribunal que resuelva implicar al Hizballah en dicho asesinato podría desestabilizar al Líbano y que es una línea que no debería ser cruzada. Se esperaba también que el mandatario sirio mantuviera una entrevista con Hassan Nasrallah a efectos de discutir las reuniones de Assad con el rey Abdullah acerca de la investigación del "TEL". 

De hecho, se sospecha que el conjunto de reuniones en Beirut podría haber culminado en un pacto secreto entre las partes, cuyo contenido se ignora, al menos por momento, pero que podría restringir severamente los alcances del dictamen del Tribunal de la ONU.

Las acusaciones del tribunal podrían tardar así en implementarse, dado que como mencionaba el párrafo del "TEL" antes mencionado, "los delitos cometidos después del  12 de diciembre de 2005 podrán incluirse en la competencia del Tribunal bajo los mismos criterios si así lo deciden el Gobierno de la República Libanesa y las Naciones Unidas,   con el consentimiento del Consejo de Seguridad". Se subraya parte de este párrafo, dado que el conjunto de presiones señaladas, podrían llevar a la "República Libanesa" a  dilatar, entorpecer o lisa y llanamente suspender sine die toda acción ulterior punitiva destinada a castigar a los culpables. Esto último, el castigo de los culpables materiales, podría  resultar una misión casi imposible como en el caso AMIA, ya que los implicados estarían a buen resguardo en Irán, como los prófugos requeridos por la Justicia argentina en relación al ataque terrorista del 18 de julio de 1994 en Buenos Aires.

La diferencia con la Argentina radica fundamentalmente en que en el caso Hariri quedarían claramente identificadas y expuestas tanto las "conexiones locales" en el  Líbano y tal vez en Siria, como los máximos ideólogos, instigadores, planificadores y ejecutores del crimen. El asesinado comandante militar del Hizballah, Imad Moughniyed, quien hasta su muerte estaba prófugo y requerido `por la Justicia argentina e INTERPOL por el ataque terrorista contra la AMIA, era un hombre que respondía a Irán y no a los líderes libaneses de su propio movimiento. El caso Hariri, en consecuencia, si se culpara


directamente a Imad Moughniyed, constituiría el hallazgo de una "pistola humeante" en manos de Irán; mucho más visible y peligrosa para quienes la empuñaron que la manoseada y vergonzosa investigación inicial del atentado de 1994 contra la mutual judía en Buenos Aires. 

De cualquier manera, habrá que esperar las repercusiones del inminente comunicado del alto Tribunal de la ONU en el círculo familiar y político del clan Hariri, como también en el de sus principales aliados y allegados al líder asesinado. Resulta muy probable que las posiciones no sean unánimes y que incluso haya quienes deseen impulsar las acusaciones que se avizoran contra el Hizballah.

Por otra parte y como exigen actualmente el gobierno de los EE.UU., Israel y otros actores estatales y contextuales, comenzando por la ONU, la organización terrorista libanesa podría verse nuevamente intimada a acatar la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que exige su inmediato desarme, como parte del cese de las hostilidades entre esta e Israel cuatro años atrás. 

Irán frente a los inminentes acontecimientos en el Líbano

 

La sumatoria de indicadores y advertencias sobre una nueva guerra entre Israel y el Hizballah, con la intervención altamente probable de otros actores, hacen que el caso Hariri pueda cobrar una importancia tan particular en los próximos días.

 

El movimiento terrorista libanés, que gracias a Irán y a Siria ha conseguido rearmarse y superar la cantidad y calidad de material bélico disponible en 2006, aún con graves fisuras internas y recelos con este último país ya descriptos en trabajos anteriores y también en el presente, continúa siendo el enemigo no estatal más poderoso de Israel en la región del Levante.

 

Además, con sus fortalezas y aún con sus debilidades, que las tiene, el Hizballah es el  activo estratégico más poderoso y fiable con que cuenta Irán en esa región para enfrentar a Israel, combinadamente o no, desde los límites de su propia frontera con el Líbano.

 

El Hizballah ha superado ya el límite que Israel está dispuesto a tolerar por demasiado tiempo; obviamente, a menos que decida correr el riesgo de convertir a la población de casi todas sus ciudades en colonias de topos escondidos en refugios subterráneos por un muy prolongado tiempo[8], dado los nuevos misiles y otros sistemas de armas que Irán y/o Siria habrían proporcionado a su válido chiíta libanés[9].

 

Pero si al margen del potencial bélico adquirido por el Hizballah como fruto de su alianza estratégica con Irán, se agrega el peligro de que este país enemigo cuente a futuro con armamento nuclear, sólo queda por concluir que un desenlace militar entre dichos actores e Israel tiene una alta probabilidad de ocurrencia.

 

Quedan como interrogantes principales a responder los plazos probables del desenlace bélico, las causas específicas de su   estallido y los actores que intervendrán en la próxima guerra.


 

 

Irán podría incentivar al Hizballah para que ataque a Israel y, en caso de reticencias,10 detonar una guerra por otros medios[11], con el objeto de mantener a este último país ocupado, alejar el peligro de un ataque contra sus instalaciones nucleares y distraer la atención internacional del controvertido programa que desarrolla en tan sensible sector. 

    

Otra hipótesis de guerra válida para Irán, sería preservar al Hizballah de toda acción bélica o provocación que pudiera permitir a Israel lanzar un ataque masivo contra este movimiento en el Líbano, como paso previo a un probable bombardeo futuro contra sus instalaciones nucleares.

 

Finalmente y en lo que a Irán concierne, esperar por su parte un ataque militar israelí y/o estadounidense contra su territorio, para responder luego también  con un intenso fuego de misiles desde territorio libanés, sumado a ataques terroristas en cualquier lugar del mundo previamente designado como blanco, con los cuales amenazó en su momento [12]el ex ministro de Inteligencia y Seguridad (MOIS) Gholam-Hossein Mohseni-Ezhei. Esta  última amenaza cobra una especial importancia para blancos en América del Sur en general y en la Argentina en particular, habida cuenta que para expertos como Anthony Cordesman, Venezuela es considerado para Irán uno de sus teatros de operaciones, si finalmente se enfrenta a una guerra con los EE.UU. e/o Israel y otros posibles aliados.

 

Israel, por su parte, no estaría en condiciones de librar una guerra en el Líbano y lanzar durante su desarrollo por sí solo un ataque efectivo contra instalaciones nucleares iraníes, sin desatar con ello una catástrofe política, militar y económica en toda la región y a nivel global.

 

No pocos analistas han especulado largamente en sus hipótesis, con la posibilidad de que Israel decidiera utilizar armas nucleares tácticas durante una próxima guerra con Irán. En realidad, cualquier país con armamento nuclear siempre tiene la aptitud, potencia y medios para hacer uso de sus arsenales si así lo decidiera, ateniéndose a las consecuencias; pero en el caso planteado tiene una casi nula probabilidad de ocurrencia. Sobre todo, si Irán no ha logrado fabricar, desplegar y amenazar con el uso de ese tipo de armamento, como lo hace actualmente Corea del Norte. En caso de que esto último llegara hipotéticamente a ocurrir, debería recordarse la promesa de la actual Secretario de Estado Hillary Clinton durante su campaña como candidata a presidente de los EE.UU., en que amenazó con arrasar a Irán como respuesta a cualquier uso de armamento nuclear de su parte contra Israel.

 

El problema más grave para Israel, radica en que el presidente Barack Obama parece no tener realmente claro el peligro que representaría para toda la región y a escala global, que un país gobernado por una secta de fanáticos delirantes adictos a doctrinas apocalípticas[13] y al uso a mansalva del terrorismo, pudiera completar sus planes nucleares tal como estos se encuentran aparentemente configurados.

 

Por último, nadie debería descartar en términos absolutos el uso de armas nucleares por parte  de  Israel  u  otros actores[14],  luego  de  las experiencias  vividas  en Hiroshima y Nagasaki; ciudades que fueron convertidas en cenizas solamente para poner de rodillas   al emperador del Japón y apresurar la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

 

Por todo lo expuesto y más allá de ciertos escenarios aterradores, la hipótesis más probable es que Israel, tal vez con el concurso de algún imprevisible aliado de su   vecindad (v.gr. Siria), decida neutralizar militarmente al Hizballah, con el objeto de quitarle a Irán su más valiosa herramienta en el Levante. Este objetivo podría concretarse mediante un ataque preventivo a objetivos del movimiento terrorista en territorio del Líbano, en el marco de la larga, peligrosa e imprevisible confrontación que Israel e Irán mantienen, gracias al extremismo inaudito y a las amenazas del chiísmo persa.

 

El papel de los Estados Unidos en los conflictos planteados

Las prioridades estadounidenses están concentradas en este momento en Irak, Irán, Afganistán y Paquistán. Cualquier guerra en el Líbano podría perjudicar su estrategia para el Gran Medio Oriente, incluyendo la retórica acostumbrada y vacía de contenidos prácticos del presidente Obama acerca del lanzamiento de un siempre postergado "proceso" de paz entre palestinos e Israelíes.

En cuanto al desarrollo nuclear de Irán y a las amenazas existenciales contra Israel respecta, esto no constituye una prioridad más importante para la Administración Obama que negociar con los iraníes una estrategia de salida de Irak y Afganistán.

 

 

En los próximos días o semanas el "Tribunal Especial para el Líbano" dará el anunciado veredicto en el caso Hariri.

 

Justo sería entonces que la comunidad internacional reclame el castigo de todos los actores responsables, como así también el desarme del movimiento terrorista Hizballah, que lleva ya una mora de cuatro años.

 

HORACIO CALDERON

 



[1] Conocidos como el "Grupo BRIC" (N. del A.)

[2] Cfr. Calderón Horacio: "Probable giro estratégico del gobierno sirio y principio del fin del ala militar del Hizballah", Buenos Aires, 29 de septiembre de 2008: En Internet: http://www.horaciocalderon.com/Articulos/HC_JAI_29_de_septiembre_de_2008.doc

[3] Cfr.: Calderón Horacio: "Importantísimas derivaciones en el caso de la muerte

del terrorista Imad Moughniyed", Buenos Aires, 13 de abril de 2008. En Internet: http://www.horaciocalderon.com/Articulos/Moughniyeh_Siria_Crisis_13042008.doc

[4] Cfr. Calderón Horacio: "Novedades sobre el despliegue sirio en la frontera norte del Líbano", Buenos Aires, 6 de octubre de 2008. En Internet: http://www.horaciocalderon.com/Articulos/HC_JAI_6_de_octubre_de_2008.doc

 

[5] Cfr.: ONU. Tribunal Especial para el Líbano: En Internet: http://www.un.org/spanish/News/focus/tslibano

[7] Cfr. Al-Manar, "Sayyed Nasrallah: el Caso del Mártir Hariri y el TEL Deben Ser Revisados". En Internet: http://www.almanar.com.lb/NewsSite/NewsDetails.aspx?id=84029&language=es

[8] Durante la guerra con el Hizballah, Israel debió evacuar más de un millón de personas de las poblaciones de norte y miles de ellas vivían casi permanentemente en refugios subterráneos (N. de A.)

[9] Entre ellos el Fateh-100 iraní o su equivalente M-600 sirio, con un alcance de 250 Km.

[10] Hassan Nasrallah no parecería muy convencido de atar  irrestrictamente el destino del movimiento a lo que decida Irán, sin que medie un interés vital común al momento de declararse una nueva guerra. (N. de A.). Al efecto, cfr.: Calderón Horacio: "Amenazas e intimaciones de Irán a Hassan Nasrallah,

en un culebrón por recelos, estafas y nepotismo en el Hizballah", Buenos Aires, 9 de mayo de 2010. En Internet: http://www.horaciocalderon.com/Articulos/HC_Hizballah_Crisis_9MAY2010.doc

[11] Este autor ha planteado anteriormente como probabilidad que Irán asesine a Hassan Nasrallah, en quien parece haber perdido la confianza, para reemplazarlo por el jeque Naim Qassem, subsecretario general del Hizballah, acusando de ello a Israel y utilizando esa acción como pretexto para desencadenar una guerra. De hecho, Nasrallah vive en refugios interconectados, a cuyas salidas siempre hay un miembro vigilante de los Pasdarán iraníes…

[12] Cfr. Calderón Horacio: "Londres bajo amenaza iraní en caso de un ataque y

Un aconsejable estado de alerta en la Argentina", Buenos Aires, 27 de octubre de 2008. En Internet: http://www.horaciocalderon.com/Articulos/HC_JAI_27_de_octubre_de_2008.doc

[13] V.gr. Las que sustenta el movimiento Hojjatie en el cual se encuentra enrolado Mahmoud Ahmadinejad (N. del A.).

[14] V.gr. La pesadilla de una guerra nuclear siempre vigente entre la India y Paquistán  (N. del A.)


 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



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